Desarrollo visual en la niñez y ambliopía

Como parte de los controles oftalmológicos de rutina, los padres llevan a sus hijos recién nacidos para una evaluación con fondo de ojos, y casi invariablemente realizan una serie de preguntas.


 ¿Cómo ve mi hijo recién nacido?

Un niño recién nacido presenta una inmadurez de su aparato visual que impide que vea las cosas con claridad, aunque el cerebro recibe información visual desde el mismo momento en que abre los ojos. 

Foto 1: La conexión entre la retina y el cerebro.

Fuente: Lifeder

A medida que transcurran los primeros días, van a suceder dos fenómenos simultáneos. Por un lado, el desarrollo de la capacidad visual y, por el otro, la comprensión del significado de esa nueva información que bombardea y modela a ese cerebro virgen.


¿Cuándo va a ver “normalmente”?

Con el paso del tiempo y en la medida que el niño puede ver, las imágenes que ingresan al ojo se van enfocando. Esto ocurre porque las lentes del ojo se acomodan para que aquellas se proyecten nítidas sobre la retina. A medida que estas imágenes, cada vez más claras, estimulan la retina, sus células se organizan y envían una información con más detalles al cerebro.

Todos estos aprendizajes y maduración toman un tiempo variable. Según algunos estudios, el recién nacido tiene una agudeza visual de 20/800, es decir, 40 veces menor a la de un adulto con visión óptima.

Foto 2: ¿Cómo es tener baja visión?

Fuente: Srchub

Esta agudeza visual escala rápidamente durante los primeros días de vida, alcanzando 20/100 a los 6 meses, lo que equivale a la quinta parte de la visión del adulto, y llegando a la visión óptima (20/20) cerca del ingreso escolar, a los 6 años aproximadamente.


¿Cuándo empieza a ver los colores?

La visión de los colores madura al mismo tiempo que la agudeza visual, ya que es percibida por los mismos fotorreceptores y transmitida por las mismas conexiones. El primer color que los bebés diferencian es el rojo, luego los colores saturados, con altos contrastes, y a los seis meses ya pueden distinguir casi todos los matices.

Foto 3: Así evoluciona la visión en color desde el nacimiento hasta la adultez.

Fuente: Des Moines Moms Blog

Las figuras que más los atraen, por sobre cualquier juguete o móvil, son las de las caras humanas. Por ello, el mejor estímulo visual es acercárseles y gesticularles. No siempre son capaces en este momento de seguir con sus ojos los objetos que se le presentan, ni pueden mantener la alineación ocular todo el tiempo. Es común observar desvíos esporádicos de los ojos (estrabismos) hasta que su capacidad de mover los ojos madure, entre los 4 y los 6 meses.


¿Qué ocurre cuando este proceso de maduración visual se ve afectado?

Si la capacidad visual no se desarrolla por alguna razón, el niño padecerá ambliopía. También conocida como ojo perezoso o vago, es la incapacidad de uno o ambos ojos de percibir las imágenes con claridad debido a una alteración en la maduración neurológica normal.

Esta afección está presente en casi el 4% de la población y puede estar causada por 3 mecanismos que a veces coexisten:

  • El desenfoque de uno o ambos ojos debido a miopía o hipermetropía, asociadas o no a astigmatismo;
  • Una desviación ocular (estrabismo), en la mayoría de estos casos, el ojo se suele desviarse hacia la nariz, y el cerebro no recibe esa información y la anula.
  • Una interferencia en el trayecto de los rayos luminosos en el ojo, llamada ambliopía ex anopsia o por deprivación.

¿Cómo se trata la ambliopía?

El tratamiento tiene dos pilares: la corrección de la causa y la estimulación visual.

Si la causa es refractiva o por deprivación, primero se debe corregir el problema que ocasiona la ambliopía. En muchas ocasiones estas medidas son suficientes para normalizar la agudeza visual: el ojo empieza a percibir una imagen clara y paulatinamente se normaliza la capacidad visual. Si esto no ocurriese, en una segunda instancia se deberá estimular al “ojo perezoso”.

En caso de que la ambliopía se deba a una desviación ocular, el orden del tratamiento se invierte. En primer lugar, se prefiere fortalecer la visión del ojo vago, que es el ojo que se encuentra desviado permanentemente.

Para estimular la visión del ojo perezoso contamos con una herramienta poderosa: la oclusión o parche del ojo “bueno”.

Foto 4: Un niño con un parche para estimular la visión del ojo perezoso.

Fuente: Centre Oftalmologic

Al impedirle ver a un paciente con un ojo, forzamos al sistema nervioso a usar y procesar el estímulo del ojo afectado, el ojo “vago”. Para poder usar ese ojo débil, deberá realizar los cambios neurológicos necesarios. Este tratamiento es posible mientras que se actúe dentro del periodo de desarrollo visual, antes de alcanzar la maduración visual.

En algunos casos se puede reemplazar el uso de parche por métodos que nublan la visión del ojo bueno. A esta alternativa se la conoce como penalización, y se realiza mediante la colocación de gotas que dilatan la pupila y paralizan el enfoque, o recetando lentes que empeoran la visión del ojo a penalizar, o sea, el bueno.

Como conclusión, y sabiendo que la ambliopía es tratable si se detecta a tiempo, es necesario remarcar la importancia de realizar los siguientes controles oftalmológicos: al recién nacido, a los 6 meses, al año, a los 3 años, al ingreso escolar, y ante toda situación de sospecha de alteración visual.


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Autor de este texto

Dr. Esteban Travelletti

 

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