MO 2020.02: "En el frente de batalla"

 
La emergencia sanitaria decretada el 17 de marzo alteró el normal funcionamiento de los hospitales y centros de salud de todo el país. Más grandes, más pequeños, generales o monovalentes, los nosocomios debieron reorganizarse para dar pronta respuesta a la pandemia, y las áreas de oftalmologías no fueron la excepción. 
 
Esta nota se publicó originalmente en MO 2020.02 (junio 2020) para acceder al resto de las notas de esta revista ingrese aquí.
 
“Las actividades en nuestro servicio comenzaron a alterarse la semana previa a que se decrete la cuarentena obligatoria. Se suspendieron las cirugías y las consultas programadas y sólo la guardia atendía. Se adoptaron los protocolos que impuso la dirección del hospital y, por nuestra parte, los protocolos del CAO en cuanto a patologías de urgencia. Cuando comenzó a prolongarse la cuarentena se analizaron sobre todo aquellos pacientes que quedaron sin aplicación de intravítrea de antiangiogénico y, siguiendo el protocolo, se citaron ciertos pacientes (algunos no quisieron continuar su tratamiento por miedo a ir al hospital)”, cuenta la doctora Luciana Micheletti, jefa de residentes de Oftalmología del Hospital Provincial del Centenario, Rosario, Santa Fe.
 
En el Hospital Oftalmológico Prof. Dr. Enrique B Demaria de Santiago del Estero, los cambios llegaron un poco más tarde. “Como no teníamos casos positivos confirmados en nuestra provincia, las actividades hospitalarias y de residencia se realizaron normalmente hasta el día en que se declaró la cuarentena obligatoria para todo el país”, señala la doctora Mónica Pezzini, jefa de residentes en el centro especializado. “Nuestra primera medida fue limitar la atención sólo a las urgencias oftalmológicas y los controles  postquirúrgicos teniendo como premisa principal tratar a todos los pacientes como si fueran COVID-19 positivos. Además de la redistribución del personal para evitar la aglomeración en el hospital. En cuanto a la residencia, se suspendieron las actividades presenciales y, para continuar con la formación, se enviaron actividades de manera online como búsqueda bibliográfica, análisis de artículos científicos, elaboración de contenido informativo para redes, mini exámenes, cronograma de webinars y guardias activas clínicas y quirúrgicas”, describe. 
 
 
“Todo cambio brusco supone una reorganización estructural significativa, y nuestra institución no fue la excepción”, coincide el doctor Federico Basbus, jefe de residentes del Hospital de Clínicas José de San Martín ubicado en la Ciudad de Buenos Aires. En ese proceso el especialista reconoce que hubo ciertas dificultades para implementar una correcta atención, no hubo una guía sobre qué se consideraba urgencia oftalmológica —“salvo, tiempo después, por la información publicada por organismos oficiales como el Consejo Argentino de Oftalmología”— ni se estableció un triaje específico de patologías oculares: “tuvimos que reforzarlo desde nuestra área”, afirma. 

Bioseguridad

Otro punto clave en esta organización para atender las demandas de la pandemia fue la incorporación de elementos de protección imprescindibles para el cuidado del personal médico y no médico, y de los pacientes. Camisolín, barbijo, gorro, guantes, gafas, botas, máscaras, placas de protección en las lámparas de hendidura, pasaron a formar parte de la cotidianeidad, según cuentan los entrevistados. 
 
Sin embargo, según comenta Basbus, existió cierto desconocimiento de las prácticas oftalmológicas y el riesgo que éstas conllevan, al distribuir los elementos de protección: “Particularmente me sirvieron mucho los comunicados oficiales del CAO y la AAO para justificar los insumos que pedíamos frente a servicios como infectología y farmacia”, valora el especialista. 
 
Distanciamiento social. Así luce la sala de espera del Hospital Provincial del Centenario de Rosario.
 
En el caso del hospital oftalmológico de Santiago del Estero, el problema fue la falta de recursos: “la cantidad de elementos de bioseguridad fueron mejorando en forma paulatina sin llegar a cubrir todo lo que se recomendaba por lo que la mayoría de los médicos tuvo que comprar sus propios insumos para protegerse. Incluso, a medida que los días pasaban, fui notando que la calidad de algunos elementos era de una calidad menor (o de fabricación casera) generando dudas de su real protección”, detalla la  doctora Pezzini.
 
Por su parte, la oftalmóloga María Florencia Montefinal Insua, jefa de residentes del Hospital El Cruce Dr. Néstor Kirchner de Florencio Varela cuenta que para la atención en consultorio utilizan la protección sugerida por los distintos protocolos: barbijo quirúrgico, mascarilla y guantes. “Entre cada paciente realizamos la desinfección de todo el material empleado en la consulta. Para esto contamos con un sector sucio y otro limpio. A los pacientes internados  considerados de alto riesgo debemos atenderlos con barbijo n95, sobre ese un barbijo quirúrgico, cofia, camisolín y máscara”, enumera. 
 
Precisamente, según su colega Micheletti, la máscara fue lo que más les costó incorporar en su hospital: “por un lado porque se empaña y, por otro, por la distancia de trabajo a la que estamos acostumbrados. Sin dudas la consulta lleva más tiempo ahora”. 
 
Sobre la dinámica en la consulta, Pezzini señala que “lo que más cambió fue el hecho de tener que realizar una consulta exprés, con el tiempo mínimo requerido para esolverle la dolencia al paciente; tratar de tocarlo lo menos posible, salvo que sea absolutamente necesario o que tengamos alguna duda diagnóstica; limitarse al hablar haciendo que la consulta termine siendo un tanto fría e impersonal”. 
 
Con mirada positiva, Montefinal Insua resume que “si bien la atención en estas condiciones ha sido más compleja, tanto los profesionales como los pacientes recibimos de buena manera las nuevas normativas, ya que somos plenamente conscientes de que estas medidas son necesarias para el cuidado de todos”. 
 
El apoyo de los colegas y compañeros de trabajo, fundamental para transitar el presente.
 
Esa misma cautela, coinciden los entrevistados, se extiende al momento de regresar al hogar y demanda una rutina engorrosa, pero necesaria, para extremar medidas de prevención y cuidar a sus seres queridos. En algunos casos, con ribetes particulares: “Es todo un ritual. Significa llegar y coordinar con mi marido para que mi hija (que aún está lactando) no me vea para evitar los abrazos y los besos que tanto espera. Eso me da tiempo a poder tomar todas las medidas recomendadas y sentirme segura de que estoy protegiéndolos”, comparte Pezzini.

Aprendizaje

Habilitando la reflexión sobre la enseñanza que deja esta pandemia, el doctor Basbus asevera: “La cuarentena no es sólo un aislamiento, sino una reestructuración social. Es un nuevo estado de convivencia, de práctica laboral y de relaciones. Cómo todo cambio puede resultar intrascendente para algunos, pero significante o insoportable para otros. Lo mismo es aplicable a nuestros pacientes. Debemos, como personal de salud, ser tolerantes e instruir lo más que podamos”.
 
“Creo que nada está escrito, la vida puede sorprendernos en cuestión de segundos y esta situación nos da la posibilidad de echar de menos lo que veíamos como algo habitual o una costumbre, en cierto modo a valorar más las pequeñas cosas. Y la importancia de trabajar en equipo, siempre”, analiza Micheletti.
 
En sintonía con su colega, Montefinal Insua afirma que “debemos aprender que el cambio y el cuidado se hace entre todos los integrantes de la comunidad, no sólo los médicos y el equipo de salud de una institución”. 
 
Desde Santiago del Estero, Pezzini redobla la puesta: “Creo que aprendimos de la peor manera cuán importante es la salud por sobre todas las cosas ya que si nos falta es difícil que todo lo demás funcione. Tenemos muchas cosas por mejorar en ese aspecto. Creo que la pandemia será un antes y un después en nuestras vidas y que nadie va a volver a ser el mismo”.
 

Dr. Federico José Basbus

"Muchos pacientes no comprendieron el concepto de urgencia por el desconocimiento de la patología ocular, así como otros extremaron el aislamiento a pesar de graves dolencias". 


Dra. María Florencia Montefinal Insúa

“En este contexto, la paranoia es lo esperable. Sin embargo, mi familia confía en mi cuidado y en la consciencia de la situación con la que convivo”.
 

Dra. Luciana Micheletti

“La posibilidad de seguir trabajando y ver a nuestros compañeros hace que transitemos mejor esta situación. Somos afortunados en ese sentido”.


Dra. Mónica Fernanda Pezzini

“Recuerdo romper en llanto una de las primeras noches que aplaudían los vecinos sintiendo orgullo y a la vez una cuota de amargura por el esfuerzo que hacemos todos los médicos para cumplir con honra nuestro trabajo, incluso cuando las condiciones no están dadas o está en riesgo nuestra propia vida”.

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